SaxRules.com Antonio Fernández Sánchez

Comenzamos un nuevo ciclo de entrevistas de profesores de saxofón en conservatorios que han obtenido el título de doctor.

En esta primera entrevista tendremos a un doctorado Cum laude por la Universidad Juan Carlos I de Madrid que es profesor del CPM Cristóbal Halffter de Ponferrada.

Hoy, SaxRules.com Antonio Fernández Sánchez:

SaxRules: Háblanos de tus inicios en la música y por supuesto en el saxofón.

DSC_0063AFS: Antes de nada, me gustaría darte las gracias por cederme estas líneas y también por la enorme difusión que haces del mundo del saxofón. Iniciativas como las tuyas son las que hacen crecer nuestro pequeño mundo, siendo de gran ayuda para los profesionales, y, a la vez, motivan a los estudiantes. Además, tus entrevistas me han sido de gran ayuda para mi trabajo.

La música en casa es un asunto de familia. Mi abuelo fue clarinetista en la banda del pueblo en Orense, mi padre, acordeonista en su niñez, es saxofonista y, a sus 72 años y, tras muchos de tocar en una orquesta de baile, sigue tocando en la Banda de Música de Getafe. Mi mujer es profesora de flauta travesera en el Conservatorio Profesional “Ángel Barja” de Astorga, y mi hermana realizó estudios profesionales de clarinete. Para colmo, mis hijos ya hacen sus pinitos.

Mis primeras lecciones las tuve con mi padre, pero, consciente de la dificultad de la relación entre un padre y un hijo en el ámbito pedagógico, y de sus limitaciones, con buen criterio, pensó que debería ir al conservatorio. Dudé entre el saxofón y el clarinete, pero, los brillos, las formas curvas, y la facilidad de tener a mano un saxofón que mi padre tenía en desuso, me inclinaron por el saxofón. En el Conservatorio Profesional de Getafe cursé los Grados Elemental y Medio, y la mayoría de las asignaturas teorico-prácticas del Superior. Al principio tuve como profesor a un estupendo clarinetista, Miguel Civera (requinto solista de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid), pasando rápidamente a ser Enrique de Tena el profesor de saxofón.

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Enrique de Tena con los alumnos del Conservatorio de Ponferrada

Enrique era entonces un joven saxofonista de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid. Todavía recuerdo su maravilloso sonido con un precioso Buffet Prestige, su Vandoren A27 y la abrazadera Winslow. Contar como profesor con un músico de atril en ejercicio fue muy enriquecedor, pues estaba en contacto con la realidad de un escenario y lo transmitía en cada una de sus clases. Se preocupaba mucho por la belleza del sonido como base sobre la que edificar la técnica instrumental. Recuerdo unos carteles que pegó en clase que decían algo así como “La OMS (Organización Mundial del Sonido) recomienda hacer notas largas”. Al mismo tiempo, era muy metódico en las clases y concedía muchísima importancia al trabajo de escalas y estudios, pero siempre al servicio de la práctica del repertorio. Conforme aumentaba el nivel, añadía el trabajo camerístico. En los últimos cursos también enfocaba sus clases hacia la práctica profesional con la preparación de pruebas y audiciones, dándole mucha importancia al estudio del repertorio orquestal y de banda, así como a la primera vista. En aquellos años, Enrique comenzaba sus estudios de composición, y, como anécdota, te puedo contar que algunos ejercicios de primera vista que tuve que descifrar los encontré posteriormente en obras como Euritmia o Trepidant. Enrique, me transmitió la importancia del rigor en la interpretación, sólo alcanzable desde un estudio serio de todos los ámbitos del hecho musical.

Enrique entró a formar parte del Cuarteto de Saxofonistas de Madrid, y enseguida nos puso en contacto con Eloy Gracia. Eloy había sido compañero de juventud de mi padre y pronto empecé a trabajar con él. El trabajo con Eloy se centraba más en el repertorio, fundamentalmente el generado en el entorno de las clases de Mule y Deffayet. Eloy había trabajado con Daniel Deffayet, lo que repercutía enormemente en el planteamiento de su trabajo con sus alumnos, especialmente en lo que tenía que ver con el sonido y el vibrato. A la vez, su punto de vista como solista en una de las grandes agrupaciones bandísticas, asumiendo un rol plenamente sinfónico, enfatizaba la búsqueda constante de la belleza y el buen gusto en la interpretación.

Sin embargo, fue en la Banda de Música de Getafe donde pude desarrollarme más como músico. Entré en allí con 11 años y fue un estupendo complemento a mi formación musical, y una experiencia enormemente enriquecedora desde el punto de vista personal, al coincidir con compañeros con una gran diversidad de niveles musicales, intereses y edades. Pude coincidir con enormes músicos apenas un poco mayores que yo, que eran modelos a seguir. Muchos de ellos enseguida pasaron a formar parte de importantes agrupaciones. Al mismo tiempo, había muchos músicos aficionados que eran un auténtico ejemplo porque, tras su trabajo como maestros, torneros-fresadores, electricistas o camareros, sacaban tiempo para acudir a las clases del conservatorio, estudiar su instrumento, y hacer un papel digno en la banda. La relación con los compañeros saxofonistas siempre fue muy estimulante, y creo que siempre estuvo marcada por el compañerismo y el crecimiento conjunto. Tuve el privilegio de ver el nacimiento musical de dos enormes saxofonistas, más jóvenes que yo, pero de los que, enseguida, nos percatamos que estaban llamados a hacer grandes cosas, Victor Manuel Mansilla (Nascilanky Duo y Cuarteto Octavia) o Miguel Ángel Lorente. Creo que la cuerda de saxofones de la Banda de Getafe ha dado enormes frutos, y los sigue dando, pues por sus atriles han pasado y pasan saxofonistas como Pedro Lancho, Carlos Ordoñez (aun siendo de Leganés), Álvaro Rodriguez Cabezas, Felipe Sevilla,…

SaxRules: Cursaste el grado superior y estudios de postgrado en los conservatorios de Bilbao y Aragón. Cuéntanos qué tal tu experiencia.

AFS: El final del Grado Medio en Getafe lo compaginé con mi primer año en la Universidad Complutense estudiando Educación Musical. Antes de pasar a centrarme en hacer el Superior, había adquirido el compromiso familiar de tener una carrera universitaria, así que durante unos años cursos hice un parón en mis estudios oficiales de saxofón, que aproveché para hacer las asignaturas complementarias y la mayoría de teóricas del Superior. Conforme fue descendiendo la carga lectiva de la Universidad, podía ya enfocarme a terminar el Superior con el saxofón. En aquella época no había la facilidad actual, ni la cantidad de opciones buenas de las que gozan los actuales estudiantes, y menos para alguien de la Meseta, donde sólo teníamos como referencia Atocha, con pocas vacantes y que siempre iban a parar a personas con un perfil diferente al mío. Allí hice un par de intentos infructuosos para entrar, mientras seguía trabajando con mi profesor. Busqué alguna otra opción pero, quizás con la soberbia inherente a la juventud, o quizás no aconsejado de forma adecuada, no encontré otros profesores que me convencieran más que el que ya tenía, además, irme a vivir fuera para cursar apenas tres asignaturas supondría un enorme gasto para mi familia. Así que, como entonces era posible optar a puestos de trabajo solamente con el título profesional (Plan 66), me concentré en seguir preparando repertorio y en preparar algunas oposiciones, mientras seguía trabajando con Eloy de manera privada.

Al Conservatorio Superior de Bilbao llegué ya con una oposición ganada en la Banda Municipal de Santander, con la intención de oficializar unos estudios que yo creía que por nivel, ya tenía. Allí me encontré con Josep Vicent Ripoll como profesor, solista de la Banda Municipal de Bilbao. Pep, un valenciano de Sueca, había sido compañero de estudios de Enrique de Tena, así que fue un camino natural pero no premeditado. En mi tiempo allí me trató más como a un compañero que como a un alumno, al fin y al cabo hacíamos el mismo trabajo para diferentes ayuntamientos. Me aportó valiosos consejos y me hizo mejorar en lagunas técnicas. Mi formación en el repertorio contemporáneo y en sus técnicas era, prácticamente, nula o autodidacta. Ripoll me hizo ver la necesidad de trabajarlo para ser un músico más completo, y fue él quien realmente me demostró que sin un trabajo realmente riguroso en este aspecto, mi repertorio y mis posibilidades como intérprete estarían siempre limitadas. Además, en la clase se había formado un Ensemble que funcionaba de manera autónoma al conservatorio, el Bilbo Sax Ensemble del que formé parte un par de años.

A pesar de ser ya un músico profesional, o precisamente por ello, y ahora ya consciente de mis limitaciones, entre los años de Bilbao y los de Zaragoza, intenté acudir a cuantos cursos y clases magistrales me fueron posibles por mis obligaciones profesionales. Asistí eventos como el Curso de Benidorm, o una Amsterdam Saxophone Week, además, gracias a las clases que la Asociación FuturSax y Antonio Felipe montaron primero en Móstoles y posteriormente, en San Sebastián de los Reyes, es en este momento cuando entré en contacto con los Grandes Maestros del saxofón actual. Entre mis estudios en Bilbao y mi paso por Zaragoza no habían pasado más que siete u ocho años, pero el contacto con jóvenes alumnos que asistían a estas clases me hizo comprender el aumento exponencial del nivel en muy poco tiempo.

De mi paso por Zaragoza guardo recuerdos encontrados. Fue en un momento previo a la llegada de Mariano García como profesor al centro, aunque él y Fede Coca ya pululaban por allí y ejercían como enlaces del profesor del curso, Philippe Braquart, sin duda lo mejor de aquel curso. Por la gestión académica del centro, un tanto caótica en aquel momento, sujeta a los cambios normativos acaecidos en los estudios de las Enseñanzas Artísticas Superiores, lo que se nos vendió como unos estudios de postgrado acabó siendo poco menos que un seminario continuo, eso sí, con un profesor de primer nivel y del que guardo un grato recuerdo.

SaxRules: Háblanos de tu paso por la banda municipal de música de Santander.

 AFS: Para alguien educado en la tradición de las bandas de música, obtener una plaza en una agrupación profesional es poco menos que tocar el cielo. A día de hoy me sigo considerando un músico de atril, que ha tenido la fortuna de desarrollarse en diferentes campos, pero, cuando aprobé las oposiciones, me sentí la persona más afortunada del mundo, y sin duda, me resultó tremendamente enriquecedor.

En lo personal, al principio, representó la libertad de salir de casa, de emanciparme, de ser autosuficiente en lo económico, y de vivir unos años de juventud y compañerismo irrepetibles. Con el tiempo, incluso conocí allí a la persona que hoy es mi pareja y la madre de mis hijos. Por contra, conocí también mucha mezquindad y mala baba reconcentrada, sobre todo por el choque generacional y cultural que supuso la llegada de algunos jovencitos que venían de fuera, que no habían pasado por ser becarios, y sin favores que deber a nadie, creían que las cosas se podían hacer de forma diferente a la que se venía haciendo tradicionalmente.

Aunque suene pretencioso o poco modesto, no creo que desde el punto de vista interpretativo, por el repertorio y el tipo de actos que teníamos que acometer entonces -muchos de ellos simplemente protocolarios-, mi estancia allí me aportara algo que no hubiera experimentado antes, sin embargo, tuve la posibilidad de crecer desde un punto de vista introspectivo, de tener mucho tiempo para estudiar sin demasiadas obligaciones -el trabajo ataba, y mucho, pero no mataba-, y de compartir parte de ese tiempo con compañeros de otros instrumentos de los que aprendí diferentes enfoques en la interpretación, y sobre todo, en la manera de trabajar la técnica instrumental, en definitiva, de abrirme los oídos. Además, en estos años, tuve la oportunidad de colaborar con otras grandes bandas como la Banda Sinfónica Municipal de Madrid o la de Bilbao, pudiendo ser dirigido por los maestros más notables de las orquestas de viento. También hizo posible vivir otras experiencias como músico de cámara con diferentes agrupaciones en el Palacio de Festivales de Cantabria o en el Ateneo de Santander.

Sin embargo, por diferentes razones, ni el ambiente de aquel momento en la banda de Santander, ni el planteamiento general, acababan de llenar mis expectativas, con una dirección inestable e incoherente, así que, tras casi una década, decidí buscar nuevos horizontes. Poniendo en la balanza las situaciones que viví allí, diré que fue una gran escuela en la que pude reflexionar sobre el músico al que aspiraba ser; y en lo personal, un periodo que me hizo madurar y llegar a saber la persona en la que no me quería convertir.

Desde la distancia, sigo con interés la actualidad de la que sigue siendo mi banda (actualmente estoy en un periodo de excedencia), muy activa en las RRSS, y observo que, con el tiempo, muchos de los planteamientos que algunos defendíamos han podido ser conseguidos poco a poco, gracias a una nueva dirección y una plantilla más amplia que ha mejorado el nivel exponencialmente, y de cuyo proceso de selección, en gran medida, pude formar parte como miembro de diferentes tribunales.

SaxRules: Has sido profesor en los conservatorios de Astorga y Burgos, y en la actualidad ejerces en el CPM Cristóbal Halffter de Ponferrada, haz balance de tu faceta como docente.

AFS: Este curso cumplo diez años en los conservatorios de la Junta de Castilla y León como profesor interino y, si tuviera que resumir mi experiencia, lo podría hacer diciendo que ha supuesto un aprendizaje continuo con los alumnos y un fructífero intercambio de ideas y proyectos con compañeros.

CON ORGANOMi primer destino fue el Conservatorio Profesional de Burgos. Llegué con la idea de tomarme un respiro de la Banda y tuve la inmensa suerte de contar con unos alumnos, a los que recuerdo con mucho cariño y agradecimiento, que con su generosidad y entrega consiguieron hacerme ver lo gratificante que era el trabajo en un conservatorio. Algunos de ellos, con los que sólo pude trabajar un curso, hoy son grandes músicos, como Rodrigo Cob o Cristina Arcos Cano. Tras una breve vuelta a la Banda, regresé de nuevo a Burgos, ahora compartiendo clase con dos fantásticos compañeros, Pablo Pardo y Marcos Palancares. El siguiente paso fue Astorga y, finalmente, Ponferrada, con un claustro joven y muy dinámico, y con un excelente grupo humano de padres y alumnos. Naturalmente no todo es de color de rosa y a veces hay dificultades, pero, en general, me siento muy valorado y querido allí. Tengo la suerte de haber encontrado una estabilidad inusual en mi condición de interino, ya que es mi sexto curso allí, quinto consecutivo.

La enseñanza en un conservatorio profesional es un reto porque atiendes a alumnos desde los 8 años a algunos adultos, con niveles muy dispares, pero también con motivaciones distintas. La mayoría de los alumnos que tengo en Enseñanzas Profesionales están en ellas porque, en algún momento, se les ha pasado por la cabeza que, quizás, con mucho trabajo y esfuerzo, tengan un futuro ligado a la música de una manera u otra. Sin embargo, en las Enseñanzas Elementales, con alumnos que no deciden por ellos mismos, todavía encontramos algunos alumnos cuya motivación es escasa o proviene únicamente del interés de sus padres. A todos hay que darles respuesta, ya que creo que, aunque no tengan ninguna pretensión profesional con la música, serán los melómanos del futuro, y si el contacto con la música en el Conservatorio es traumático o, al menos, desagradable, será muy difícil recuperarlos, si quiera como espectadores ocasionales.

Cuando un alumno gana concursos o accede a un Conservatorio Superior es un gran orgullo, pero para mí es igual de satisfactorio cuando un alumno que ha decidido seguir otro camino te recuerda con cariño o te cuenta que tu trabajo con él le ha ayudado a crecer como persona.

El trabajo en el Conservatorio, por el trato humano, por ser cada alumno un reto en sí mismo, es el trabajo en el que me siento más gratificado personalmente. La interacción con los compañeros, en general, siempre es más sana, ya que no hay una competencia directa y se presta a colaborar en muchos proyectos paralelos. Recuerdo sentirme muy desgasto mentalmente cuando trabajaba en la banda. Ahora trabajo cuatro o cinco horas diarias, -por las dos y media de ensayo de entonces-, más el tiempo en casa de preparar las clases y el estudio personal, y no siento esa fatiga, aunque, obviamente, después de una década, siento que no tengo la misma frescura, que mis métodos son más predecibles y que, a veces, tengo demasiadas certezas y pocas sorpresas.

SaxRules: Recientemente renunciaste a ejercer la docencia en el CSM de Córdoba, háblanos de ello.

AFS: Renunciar a la vacante que me ofrecieron en el CSM Rafael Orozco de Córdoba fue una de las decisiones más difíciles de tomar de mi vida profesional. A pesar de sentirme plenamente desarrollado en los conservatorios profesionales, poder ejercer en un conservatorio superior es un reto que me gustaría asumir algún día, tanto por la posibilidad de trabajar con alumnos más mayores y maduros musicalmente, como por la necesidad de asumir diferentes repertorios y, sobre todo, por poder hacer y dirigir investigaciones académicas. Además, viví unos meses en Córdoba justo antes de nacer mi hijo mayor, y su recuerdo permanece indeleble en mi cabeza.

Este año se presentó la posibilidad de una forma un tanto inesperada y, por diferentes motivos, sentí que no era el momento de asumir esas nuevas responsabilidades. Por un lado, mis hijos son todavía demasiado pequeños y dependientes, además el mayor iniciaba sus estudios en el conservatorio y me apetecía acompañarlo en su nuevo periplo, por otro lado, estaba en la etapa de entrega de mi tesis y comprendí que no podría compatibilizar la exigente labor docente en un conservatorio superior con la siempre delicada entrega de una tesis, o por lo menos, no me vi capaz de hacer ambas cosas al 100%. Así que tuve que dejar pasar el tren, espero tener oportunidad de poder volver a cogerlo en otra ocasión.

SaxRules: Tu tesis doctoral tiene su germen en el proyecto de investigación que realizaste en el Master en creación e interpretación musical que realizaste en la Universidad Juan Carlos I. Desde que abriste esta puerta hasta que has terminado háblanos del tiempo transcurrido y de las dificultades y apoyos recibidos.

AFS: Como bien dices, mi tesis está fundamentada en el Trabajo Fin de Master que realicé en la Universidad Rey Juan Carlos entre los cursos 2011 y 2013 sobre las consecuencias artísticas que tenía la interpretación de la Sonate en Ut# de Fernande Decruck con un saxofón de época. Ha sido casi una década dedicada a este proyecto, de forma paralela a mi trabajo en los Conservatorios.

A pesar de tener también una diplomatura en Educación Musical, y sabiendo de mis carencias formativas en el ámbito de la musicología, creí oportuno enfocar mi investigación hacia lo que se denominaba investigación creativo-performativa, el estudio desde la propia práctica del intérprete, pues es lo que me sigo considerando por encima de todo. El Doctor Álvaro Zaldívar, figura indispensable para comprender el desarrollo de la música en España en las últimas décadas, fue una de las voces pioneras en abogar por este tipo de investigaciones, y yo tuve la enorme suerte de que aceptara ser mi tutor y director del TFM. En sus clases nos había puesto frecuentes ejemplos del trabajo que entonces dirigía a Carles Magraner sobre la recuperación de las Ensaladas de Mateo Flecha desde un punto de vista historicista.

Una de las trampas que siempre te ponen cuando acabas un TFM, y más cuando el resultado es prometedor -mi TFM tuvo calificación de Excelente- es decirte que “tienes la tesis casi hecha”, y yo piqué. Podía haber continuado en la URJC pero decidí buscar otras Universidades y llegué a la Universidad Autónoma de Madrid. Allí encontré un fantástico tutor y director de tesis, el Dr. Enrique Muñoz Rubio, que, además de profesor universitario, es guitarrista y un activo compositor. Además, Álvaro Zaldívar se volvió a involucrar como co-director. La línea de investigación debía ser continuista con la del TFM, y enseguida pude contar con la inestimable colaboración de Miguel Ángel Fernandez Vega, compañero pianista, así que decidimos estudiar esta vez un repertorio de cinco obras significativas de la primera mitad del S. XX utilizando como fuentes primarias instrumentos de época y manuscritos (o primeras ediciones, cuando no estuvieron disponibles) que ayudaran a entender cómo el saxofón pasó de ser un instrumento casi olvidado tras los atriles de las bandas de música a tener un repertorio concertante e interpretarlo en las salas más importantes del mundo acompañado de orquestas de prestigio. Para ello, la investigación se articuló en torno a tres ejes: la evolución organológica del instrumento, el desarrollo de los intérpretes a través del estudio de la pedagogía y, nuestro propio proceso de montaje y grabación del repertorio, desde un acercamiento a través del análisis musicológico tradicional pero también, y es aquí quizás el aspecto más novedoso, haciendo un estudio auto-etnográfico que recoge sesiones de estudio personal, ensayos, clases recibidas con Arno Bornkamp, Claude Delangle o los pianistas Alberto Rosado e Iván Martín.

Ser becario es incompatible con cualquier trabajo remunerado, y las pocas becas disponibles, no alcanzan para cubrir las necesidades económicas de una persona con responsabilidades familiares. Por tanto, todo el proceso ha sido totalmente autofinanciado, sin ningún apoyo económico de empresa o institución, totalmente compaginado con mi trabajo en el Conservatorio de Ponferrada. Aún así, la tesis no hubiera sido viable sin los apoyos desinteresados de muchas personas. El primero de todos es Miguel Ángel Fernández Vega, que no ha cobrado ni un céntimo por muchas, muchas horas de ensayo, muchos kilómetros para asistir a clases, y muchas horas de grabación, tratando siempre mi proyecto como parte de su crecimiento como pianista. Enrique Pernía, www.luthierdeviento.com, ha invertido muchas horas en mis saxofones históricos,  siempre desde la amistad. Manuel Fernández y toda la familia Fernández-San Román, con sus empresas Mafer y Puntorep (con su luthier Nano), han puesto a mi disposición su valiosa colección de instrumentos históricos Selmer. Además de con su amistad, Manuel me obsequió con una boquilla Vandoren Perfecta de los años 50 que yo estrené y me prestó un Selmer Balanced Action con el que pude realizar todo mi proceso de estudio y la grabación del Concertino da Camera y la Sonate en Ut#. Miguel Asensio y José Modesto Diago también me permitieron estudiar sus respectivas colecciones, además de contribuir con dos entrevistas y con sus trabajos previos. En Henri Selmer Paris, con el propio señor Jerome Selmer, me abrieron las puertas de sus almacenes y de su factoría, y me permitieron observar algunos de sus instrumentos históricos, al igual que Buffet Group, que además me facilitaron una valiosa información sobre patentes y procesos constructivos. Christophe Grezes me revisó las boquillas históricas que utilicé. Las editoriales Leduc y Durand me permitieron estudiar sus manuscritos. Henle-Verlag me proporcionó la primera copia que llegaba a España de la revisión de Hot Sonate de Schulhoff. Mis compañeros del Conservatorio Profesional “Cristóbal Halffter” de Ponferrada, con los que montamos una orquesta Ad Hoc para el estudio y grabación del Concertino da Camera también fueron un apoyo imprescindible, como lo fue su equipo directivo en la gestión de mis licencias y permisos. No quiero dejar pasar sin mencionar el apoyo en la difusión de cuestionarios y actividades tanto de Daniel Lumbreras (www.adolphesax.com) como de Rafa Díaz (www.saxrules.com).

Miguel Ángel Lorente, profesor de saxofón de Musikene y amigo desde la infancia, supo de mi proyecto y le habló de él a Claude Delangle, quien me invitó a realizar mi estancia internacional en el CNSMDP durante tres meses como Estudiante Investigador, pudiendo  observar sus clases, conocer a sus fantásticos alumnos, y tener acceso a la rica Mediateca del Centro. Además me facilitó muchos contactos en París. No hay palabras suficientes para agradecer estos apoyos

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Luisma, Dani, Antonio, Fran y Carlos en el mítico Colegio de España en París

 

En París tuve la inmensa fortuna de alojarme en el Colegio de España, donde coincidí con muchos saxofonistas: Antonio García Jorge, Ayax Llorente, Francisco Rusillo, Luisma González, Carlos Zaragoza, Dani Sánchez o Isabel Moreno. Fue toda una experiencia convivir allí con ellos y ver cómo estudiaban, además algunos de ellos colaboraron como grupo de control con los instrumentos históricos.

He contado con apoyos de otros muchos saxofonistas que en algún momento me han pasado algún material o alguna información, por ejemplo, Rodrigo Vila propició un encuentro con Jean-Marie Londeix en Palma y me pasó algún material. Y también quiero agradecer desde aquí a quienes han participado en mis cuestionarios de manera anónima. No quiero dejar de mencionar a Henk van Twillert y Pedro Bittencourt, quienes me facilitaron los informes de mi tesis para obtener la mención internacional, y también a Henrique Portovedo por sus gestiones al respecto.

 

Pero sin ninguna duda, mi apoyo fundamental ha sido mi esposa, Mar Bel, que me ha animado siempre en este viaje, supliéndome en mis muchas ausencias con mis hijos, sin poner una sola traba al dispendio económico que ha supuesto todo el proceso.

SaxRules: En un anexo a tu tesis tienes unas interesantísimas entrevistas a saxofonistas como Claude Delangle, Antonio García Jorge, José Modesto Diago y Miguel Asensio Segarra. ¿Cómo fue la aventura de hacer las entrevistas a estos cuatro cracks?

AFS: Las entrevistas son parte del proceso de investigación y como tal fueron preparadas. Mirándolo con cierta distancia, es obvio que fui muy afortunado por poder hacer todas estas entrevistas, además de poder encontrarme con otros grandísimos saxofonistas como Arno Bornkamp o Jean-Marie Londeix que, por ser encuentros en ambientes con mucho ruido y un poco más informales, no fueron recogidos en los anexos. Además de las entrevistas a los saxofonistas, hay otras con los pianistas Iván Martín y Alberto Rosado que aportaron un feed-back que enriqueció nuestro proyecto. La finalidad de las mismas fue siempre aportar una reflexión en el proceso auto-etnográfico, al que nos sometimos incluso los intérpretes.

Las entrevistas fueron de lo más cordiales y naturales. Intenté que tuvieran un formato más cercano a una conversación que a una entrevista al uso, y posteriormente hubo muy poco trabajo de edición para el montaje, intentando cortar solamente pequeñas interrupciones. Como anécdota, puedo contar que la entrevista a Antonio está hecha en la Sala de Billar (reconvertida en un estudio y equipada para grabaciones) del Colegio de España de París, tras una sesión de estudio bastante intensa. Sin ser la mejor entrevista por ninguna de las partes, creo que aporta muchísima información que posteriormente fue muy útil.

SaxRules: Háblanos de tus últimos días antes de exponer la tesis doctoral. (incluyendo el propio día de la exposición)

AFS: El último año y medio vino marcado por ciertos infortunios y problemas de salud propios o de mi entorno cercano. En mi caso, una conjuntivitis vírica contraída en un hospital me dejó con la vista muy mermada durante unos meses y que incluso complicó el final de la grabación ya que la Sonata de Decruck está grabada prácticamente a ciegas-. Afortunadamente, pudimos sobreponernos a ellos, pero las emociones no acabaron allí. Los últimos meses fueron tremendamente estresantes. En abril de 2019, cuando estaba en la recta final de la redacción, en un viaje Erasmus mi ordenador “desapareció” de vuelta al aeropuerto, lo que me hizo retrasar la entrega unos meses. Por suerte, no perdí los textos “en limpio”, ni otros muchos datos que estaban en la nube, pero sí extravié muchas anotaciones para seguir adelante en la redacción y la totalidad del montaje de los vídeos, de los que conservaba el material en bruto. El verano fue muy productivo y el 1 de septiembre mis directores de tesis ya tenían el texto casi definitivo en su correo, sin embargo, había que completar los muchos anexos, y en una tesis en la que lo audiovisual tiene tanto peso específico como debía tener la mía, quedaban todos los vídeos por montar, incluidas entrevistas, reflexiones, sesiones de estudio y la grabación del repertorio, además de las correcciones en el texto que los directores de tesis sugirieron, sobre todo por el formato de citación APA. El deadline para la entrega completa era el 25 de octubre y, al ser un programa de doctorado internacional, necesitaba el informe favorable de dos doctores internacionales, a los que únicamente pude conceder siete días para realizarlos. Para ello recurrí a los saxofonistas Henk van Twillert, del Esmae de Oporto, y a Pedro Bittencourt, de la Universidad de Río de Janeiro. Los plazos fueron muy apretados, pero finalmente, llegamos a puerto a tiempo, entregando el último día posible y grabando alguno de los archivos audiovisuales en el USB en la propia oficina de registro.

Tras pasar por dos comisiones que informaron favorablemente, se fijó la fecha de lectura  para el 20 de diciembre de 2019. Como siempre en estos casos, siempre surgen pequeñas complicaciones. Había preparado una presentación en mi ordenador, pero días antes de la defensa, habían cambiado los equipos en la Sala y el nuevo proyector no era compatible con mi ordenador, así que tuve que cambiar el formato y hacerlo en el ordenador de la sala, y, por supuesto, algunas de las diapositivas se habían movido…

Había visualizado varias veces el momento, a pesar de terminar mi exposición apenas unas horas antes, y la parte de la exposición que debía hacer en inglés la había ensayado con algunos de los alumnos mayores del conservatorio. Afortunadamente, todo fue bastante bien, tuve un tribunal muy generoso y receptivo que valoró muy favorablemente mi trabajo. En la defensa me encontré muy acompañado, con mi familia, algún compañero de Ponferrada y uno de mis alumnos presentes en la sala, además de mis directores de tesis.

SaxRules: Tienes experiencia ofreciendo conciertos de música de cámara. Háblanos de la odisea de tocar con instrumentos antiguos.

 AFS: Antes de nada, creo que es importante decir que, en mi opinión, para las necesidades de un saxofonista clásico, no hay mejores saxofones que los instrumentos de producción actual, si bien hay algunas características de los históricos que son muy interesantes por diferentes, como por ejemplo su sonoridad. En mi actividad como músico de cámara, posiblemente mi actividad preferida como intérprete, no he utilizado instrumentos históricos si no ha sido para los procesos de investigación del TFM o la tesis. Realmente, no me imagino utilizando los saxofones anteriores a los años 50 en el dúo con flauta o con órgano, o con el quinteto de cañas. En estos ámbitos prefiero optar por mi instrumentario habitual.

Tocar con instrumentos históricos es muy diferente a tocar con instrumentos actuales. Parámetros como la ergonomía o la proyección, por deficientes, siempre sorprenden en los históricos, pero sin duda la afinación es el punto más conflictivo. Por otro lado, los históricos son instrumentos con mucha vida por detrás, a veces con un trato no siempre adecuado, o con un mantenimiento descuidado, muchas veces no están restaurados sino que son instrumentos en uso. Para mí ha sido muy importante conocer la organología de los instrumentos. Por otro lado, cuando se ha debido acometer alguna restauración, se intenta llevarlos a un estado lo más original posible. Otro punto conflictivo son las boquillas. Cuando un instrumento se diseña, se hace sobre un entorno acústico completo: boquilla, tudel, taladro, culata, campana,… Las boquillas han evolucionado muchísimo en formas y tamaños en 170 años, haciendo variar este entorno acústico y resultando incompatibles con según qué instrumentos. Una boquilla de los años 20 en un saxofón actual no funciona bien, igual que en el caso inverso. Por otro lado, la afinación, sobre todo de los instrumentos americanos, está ajustada a los 440, mientras en Europa la afinación es de 442 hacia arriba, encontrando en la actualidad pianos afinados muy altos, lo que requiere de una capacidad de adaptación extra.

En la entrevista Claude Delangle, que ha grabado algunos discos con saxofones históricos, dice algo así como que la práctica con instrumentos históricos te sitúa en otro plano en la escucha, pero también en la forma en la que te acercas a ellos para tocarlos. La embocadura, la propia emisión o la digitación deben ser ajustadas a lo que el instrumento permite, a veces de forma inconsciente. Por ejemplo, escuchando mis grabaciones, me resulta muy sorprendente mi propio vibrato, con más frecuencia y amplitud que en mis grabaciones con instrumentos actuales.

Me parece interesante enumerar mi instrumentario para el proceso. Durante el periodo de preparación del repertorio de la tesis he utilizado diferentes set-up, pero, resumiendo, los que han pasado a las grabaciones han sido:

  • Legende de Fl. Schmitt: saxofón alto Buescher True Tone (1927) con boquilla Selmer Gold Medall (1920´s), cañas Selmer nº 4.
  • Hot Sonate de E. Schulhoff: saxofón alto Buescher True Tone (1927) con boquilla Rascher Réplica, cañas D´Addario Jazz Select 3H.
  • Concertino da Camera de J. Ibert y Sonate en Ut# de F. Decruck: saxofón alto Selmer Balanced Action (1941) con boquilla Vandoren Perfecta Diamon nº 4 (1950´s), cañas Selmer nº4.
  • Fantasía de H. Villa-Lobos (tono original en F). Saxofón Selmer SIII, boquilla Concept, cañas Vandoren Traditional nº 4. También utilicé un Selmer Modélé 28 Super Sax con boquilla Selmer MetalClassic C* (1960´s) y cañas Vandoren 3 1/2, o boquilla Buffet (1930´s), pero finalmente fue desechado.

Por contra, mi set-up regular se resume en:

  • Saxofón soprano Selmer SIII, boquilla Concept, cañas Vandoren Traditional nº 4.
  • Saxofón alto Yanagisawa 9937 Solid Silver, tudel SS chapado oro, boquilla Concept y cañas Vandoren nº3 1/2 ó 4. Alterno con un Selmer SII para hacer música de cámara.
  • Saxofón tenor Selmer SIII, boquilla Vandoren T20, cañas Vandoren nº3 1/2
  • Saxofón barítono Selmer SIII, boquilla Selmer S80 D, Vandoren nº3 1/2.

SaxRules: Tu momento más dulce en la música.

AFS: Sería imposible quedarme con un solo momento. Como músico de banda quizás los conciertos en el Palau de la Música de Valencia con la Banda de Getafe, o con la Banda Sinfónica Municipal de Madrid, por lo impresionante del auditorio y del entendido público. También guardo un recuerdo muy especial de una Novena Sinfonía de Dvorack con la Banda Sinfónica Municipal de Madrid en el Teatro Monumental dirigiendo el Maestro Henrie Adams. Un momento irrepetible fue el estreno en España de Extreme Make-Over de Johan De Meij con la Banda de Getafe en el Certamen de La Sènia. La pieza comienza con el inicio del Andante del Cuarteto nº 1 en Re de Tchaikovsky, encomendado a un cuarteto de saxofones que estaba formado en aquella ocasión por Pedro Lancho, Víctor Mansilla, Miguel Lorente y yo mismo con el barítono. La obra crece poco a poco, transformando la pieza y alcanzando cimas tremendas de dificultad para toda la banda. La responsabilidad era muy grande, y tocando con algunos de los mejores instrumentistas del país, más todavía. Aquello fue un momento mágico.

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Pedro, Victor, Antonio y Miguel

En mi periplo como investigador, sin duda la estancia en el Conservatorio de París. Tener acceso a los manuscritos de Ibert o Schmitt, vivir el día a día de la clase de saxofón del Maestro Delangle, ver el trabajo de los que posiblemente son los estudiantes más talentosos del mundo, y el contacto profesional y personal con Delangle, es algo que no podía ni siquiera soñar hace unos años. Mi última estancia allí coincidió con una semana de clases y conciertos de Otis Murphy en París. En el ensayo general del concierto yo me había sentado en el graderío. Mientras los alumnos ensayaban y se hacían las pruebas de vídeo y audio, Otis se sentó a mi lado diciéndome que su hijo pequeño quería empezar a tocar el saxofón y, dado que yo trabajaba con niños habitualmente, me pidió consejo sobre sopranos curvos, boquillas, cañas y arneses para niños. Claude llegó y se unió a la conversación sentándose a mi otro lado. De repente fui consciente de estar sentado entre los que, posiblemente, son los dos saxofonistas más influyentes a ambos lados del Atlántico. La pena es que no estuve suficientemente rápido para pedirles un selfie en ese momento…

SaxRules: 5 Personas que más te han influido como músico/persona.

No puedo nombrar a solo cinco personas, pero puedo reducir mis influencias a cinco ámbitos.

Sin duda, mi paso por la Banda de Música de Getafe ha sido fundamental en mi crecimiento. Su director hasta hace unos meses, Francisco Aguado Martí, clarinetista de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid, y responsable del nacimiento de la Escuela y Conservatorio de Getafe, ha sido un Maestro en el amplio sentido de la palabra y modelo de honestidad profesional. También mis compañeros, mi periplo hubiera sido diferente si no hubiera llegado a coincidir con Miguel Ángel (Lorente) o con Víctor (Mansilla), pero también con muchos compañeros músicos aficionados.

Enrique De Tena y Eloy Gracia fueron una inmensa influencia en mi formación, como ya he expuesto. Con Enrique conservo una estupenda relación, creo que puedo presumir que, además de mi Maestro, es un buen amigo. Con Eloy el tiempo y las circunstancias nos distanciaron, pero recuerdo con mucho cariño y agradecimiento sus enseñanzas, teniendo siempre muy presente su intuición musical y buen gusto como intérprete.

Eric Devallon merece que me acuerde de él. Solo recibí un par de clases suyas pero, por el momento en el que estaba pasando, en el que me sentía tremendamente estancado y perdido, me ayudó enormemente a encontrar el camino y la motivación para superarme. Quiero mencionar también a Antonio Felipe Belijar, con él trabajé esporádicamente en las clases magistrales que organizaba la Asociación FuturSax en Madrid. Con gran respeto por su parte, me aportó una visión diferente del saxofón, además de ponerme en contacto con los grandes maestros. Entre ellos quiero destacar a Jean-Dennis Michat, con quien  en pocas clases sentí que sacaba lo mejor de mí. Arno Bornkamp ha sido una inspiración constante, y de hecho mi tesis está inspirada en su proyecto The Lost Manuscripts, y Claude Delangle siempre fue un Maestro en la distancia a quien seguir a través de los conciertos y grabaciones, ¡quien me iba a decir a mí que tendría la posibilidad de trabajar con él y que contaría con su asesoramiento para mi tesis!.

Miguel Ángel Fernández Vega, pianista acompañante que en este momento ejerce en el Conservatorio Profesional de Lugo. Ha sido mi compañero de viaje en todo el proceso del TFM y la tesis. Además de maravilloso pianista, es un experto en semiótica musical. El trabajo frecuente y exhaustivo con él, me ha permitido crecer enormemente como músico,  tanto a través de la interpretación como del análisis. Además, su bonhomia es todo un

Mi esposa, Mar Bel, flautista. Es una enorme suerte poder compartir la vida con alguien  que es una apasionada de la música, con un enorme conocimiento teórico, a la vez que fantástica intérprete que no deja de sorprenderme día a día. Las discusiones a veces son épicas, sobre todo cuando en mi atril hay alguna transcripción, especialmente del repertorio flautístico barroco. Sin embargo el intercambio de ideas es enormemente enriquecedor.

SaxRules: Próximos proyectos.

 AFS: El próximo proyecto es poner en marcha una página web personal, ya que en este momento está inoperativa. En los últimos años he estado centrado en el trabajo para la tesis. Me gustaría que este trabajo pudiera estar al alcance de cuantas más personas mejor, y por ello me estoy planteando publicarlo en diferentes formatos. Me gustaría editar en breve un libro sobre la historia de la pedagogía del saxofón, dejando para más adelante un segundo sobre la evolución organologica del instrumento. El trabajo sobre el repertorio ya grabado debería acabar materializándose en un CD o en diferentes vídeos. Por otro lado, en los próximos meses se publicarán algunos artículos en revistas especializadas, pero todo está tan reciente que estoy estudiando diferentes opciones para llevarlo a cabo. Me gustaría llevar ya algo tangible al Congreso Europeo del Saxofón que se celebrará en Trento en julio de 2020, para el que estoy preparando una propuesta sobre la interpretación con instrumentos históricos.

Además, estoy trabajando en dos formatos de conferencia-concierto para ofertar en los Conservatorios Profesionales y Superiores, adaptados a cada nivel, en los que intentaré plasmar la investigación realizada. El próximo 11 de febrero comenzaremos con uno de estos conciertos en el Conservatorio Profesional “Rafael Fruhbeck” de Burgos, gracias a la gentileza de Carlos Mas Devesa, profesor del centro en este curso.

También a nivel artístico, después de casi 9 años parados por motivos familiares, este año  queremos volver a poner en marcha Ferbelia, el ensemble variable que formamos como base la flautista Mar Bel y yo con el saxofón, con programas variados que van desde la música de la República de Weimar, música latino-americana o composiciones de la Generación del 51.

Con los compañeros profesores de los Conservatorios de Castilla y León estamos intentando organizar también un nuevo Encuentro SaXoCyL, tras la fructífera primera edición que realizamos el año pasado, además de toda la actividad propia del Conservatorio Profesional “Cristóbal Halffter” de Ponferrada.

SaxRules: Muchísimas gracias Antonio.

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