Óscar Escudero (Compositor)

Hoy voy a entrevistar a un joven compositor multimedia y performer de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). El año pasado vi el video de una composición y producción suya en la que Pedro Pablo Cámara interpretaba «POV» para saxofonista, gafas VR y video y me sorprendió. Desde entonces he seguido sus pasos artísticos y me parece una persona muy creativa e interesante que nos puede aportar mucho.

Así que hoy, SaxRules.com Óscar Escudero.

SaxRules: Óscar, tienes tres composiciones para saxofón. [Flamencobox] para saxofón barítono, [#1] para saxofón soprano y piano y [POV] para saxofonista, gafas VR y video y otras piezas con saxofón como [Custom #1.5] para performer, violín, saxofón tenor, percusión, electrónica y video o [#5], cuya versión para saxofón barítono, violín y piano aún no se ha estrenado. Háblanos de tu relación con nuestro instrumento.

Óscar: Mi relación con el saxo va de la mano con, aunque pueda sonar obvio, mi amistad con saxofonistas. En cada etapa de mis estudios y de mi vida profesional posterior he encontrado a uno o varios colegas del instrumento con los que he encontrado el tiempo y las ganas para discutir, dejar volar la imaginación y retar (o ser retado) componiendo una obra nueva. Los casos que has mencionado se deben, respectivamente, a Diego García Pliego, Mariano García, Pedro Pablo Cámara y al Ensemble berlinés DieOrdnungderDinge, pero también podría mencionar otros como Oriol Parés, para el cual compuse una obra para EWI, vídeo y electrónica, Joan Jordi Oliver o Marc Vilanova, con cuyos latidos y diagnósticos siempre me he sentido muy cercano.

Lo que quiero decir es que para mí la creación siempre se ha basado en una relación de espíritus afines. No me ha importado tanto el instrumento para el que componer como la apertura técnica y mental de los intérpretes. Cuando un intérprete o un compositor tienen una idea demasiado clara de lo que es o debe ser la música, están condenados a la repetición en serie. Cuando un saxofonista no sabe lo que es un saxofón, cuando una compositora no sabe lo que es una intérprete y, lo más importante, cuando todas las partes están conformes y felices de sumergirse en un proyecto cuyas consecuencias finales no pueden calibrarse desde su inicio, entonces, solo entonces, hay una posibilidad de que surja una idea que pueda modificar ligeramente el status quo de lo que se ha venido haciendo hasta ese momento. Ese impulso desmedido, abundante e irracional es lo que he valorado, y mucho, de algunos de los saxofonistas con los que he trabajado activamente.

SaxRules: Me llamó la atención que dentro de tu catálogo de obras podamos encontrar la posibilidad de personalizarlas para su interpretación. Háblanos de ello.

Óscar: Más que una posibilidad es un requisito. Desde 2016, cuando compuse la serie de piezas [Custom], la inserción de la identidad del intérprete dentro la obra ha sido una cualidad ininterrumpida. Mediante un proceso de personalización, variable dependiendo de cada una de las piezas, se integran datos y materiales extraídos directamente de sus perfiles públicos virtuales. Además, el proceso se completa mediante la grabación de varios vídeos que son posteriormente incorporados al proyecto final, así como de geolocalizaciones y mapas que remiten a los lugares donde el concierto está teniendo lugar. Todo ello se realiza bajo la supervisión de una plataforma que también ejerce como auto-publicación llamada BELOS Editions.

En nuestros días, lo circunstancial, el contexto (qué-quién-cuándo-dónde-por qué) de cualquier evento musical está acoplado a nuestra percepción total del mismo. Un live streaming en Instagram, las publicaciones y menciones en redes, juegan en igualdad de condiciones con el contenido sonoro o gestual del mismo. ¡Ojo! Con esto no quiero decir que piense que en estas relaciones no deban establecerse jerarquías de valor, pero sí que estas son más relativas que nunca. Por todo ello, no puedo dejar de ser sensible a las circunstancias concretas que operan cuando una obra es puesta en escena por un intérprete X en una sala X… y, por supuesto, manipularlas. En esa brecha es donde la obra cumple su función, donde se vuelve operativa: en la creación de un objeto que tergiversa y transforma en extraño todo lo que le rodea. Por otro lado, las obras generan impactos y contradicciones diferentes dependiendo de si se interpretan en concierto o si se visualizan online, lo cual me interesa especialmente porque cada vez las fronteras entre una situación y otra se estrechan más. Por eso, y volviendo al corazón de la pregunta, es igual de importante el material que cada intérprete “transfiere” a la obra desde su huella digital como cada uno de los gestos y sonidos escritos en la partitura. Todo conforma el discurso musical de las mismas.

SaxRules: Has estudiado en el CSM de Aragón, en la Royal Academy of Music Aarhus de Dinamarca y la Anton Bruckner Privatuniversität de Linz, en Austria. ¿Qué te han aportado cada uno de estos centros a nivel musical?

Óscar: Zaragoza, la técnica y unos sólidos valores de trabajo, compromiso y crítica hasta las últimas consecuencias. El haber estudiado el grado de oboe en paralelo al de composición, manteniéndome en el barro de la interpretación y consolidando la necesidad de continuar subiéndome a escena (¡aunque ahora sea distinto y el drama de las cañas ya haya quedado atrás!).

Århus, un entorno fresco para la experimentación y para aligerar el peso de ciertos prejuicios y discusiones creativas en favor de otras, más excitantes y candentes. También un mar de influencias que me llevaron a repensar la música desde otros prismas.

Linz, una ventana abierta de par en par a los circuitos de nueva creación centroeuropeos y un espacio fértil para producir con el tiempo y la reflexión suficientes.

Por supuesto, cada una de las respuestas se trata de un resumen que incluso peca de simplista, pero creo que dota de una linealidad (quizás ficticia pero necesaria) a una etapa una vez que esta ha finalizado. Estoy agradecido y orgulloso de haber sido alumno de cada una de estas instituciones porque, ante todo, jamás he sentido de manera directa o indirecta ningún tipo de opresión creativa. En líneas generales, siempre he escrito lo que he querido y como lo he querido, y encajar esa sensación lúdica en la academia no siempre es tan sencillo.

SaxRules: He visto la producción OST, es alucinante cómo vendes la pieza como performer y el entorno multimedia creado. Nuestro futuro como músicos parece ser tu presente. Háblanos por favor de cómo surge lo de ser un compositor multimedia y performer.

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Óscar: En concreto, [OST] fue la primera pieza escrita en co-creación con la dramaturga musical Belenish Moreno-Gil. Al principio surgió de manera espontánea, como un asesoramiento a la hora de trabajar los movimientos corporales y la dirección de escena, pero poco a poco se tornó en una participación de todos los niveles del proceso creativo, tales como el diseño de la gestualidad, el texto, la investigación tecnológica, la producción de la electrónica o el montaje del vídeo. Ello nos ha llevado a mantener esta colaboración de manera estable, sobre todo en aquellas obras que se acercan más a lo que podríamos denominar como “teatro musical” (por cierto, esta es una fórmula, la del fifty-fifty, que con frecuencia nos cuesta hacer entender…). Pero volviendo al hilo, el problema de cómo afrontar la escena es que la etiqueta de “teatro musical” se nos queda hoy bastante vaga, sobre todo cuando pretendemos utilizarla en contraposición a la de “obra de concierto”. Si en esas supuestas “obras de concierto”, el gesto corporal, la interpretación del texto o la utilización de diversos dispositivos tecnológicos juegan un rol tan importante como la afinación o el timbre instrumentales, entonces es la propia noción de “obra musical” la que ha mutado y, de manera más concreta, la de “intérprete”, que ya no es alguien que exclusivamente hace sonar su instrumento sino que se convierte en el centro de una red de conexiones mucho más compleja.

Lo mismo ocurre con la composición. Al expandirse el campo de elementos susceptibles de ser absorbidos bajo el denominador de lo musical, los creadores y creadoras también asumen la responsabilidad de utilizar (o no) dichos elementos. Una respuesta afirmativa obviamente implica exigencias técnicas multidisciplinares adicionales, pero personalmente lo encuentro, aparte de más divertido, una manera necesaria de confrontar ciertos problemas que habitan y tensionan nuestra sociedad actual.

SaxRules: Tu pieza POV ya ha sido interpretada por excelentes saxofonistas como Pedro Pablo Cámara, Henrique Portovedo y Alicia Camiña. Háblanos por favor de lo que hubo detrás de este fantástico video con Pedro Pablo.

Óscar: Si no recuerdo mal, Pedro contó hace un tiempo un poco de la génesis de la obra en un vídeo de esta misma página (¡anécdota de la cena incluida!). Todo partió de una imagen mental: un saxofonista, cuyo cuerpo es absolutamente mapeado, controla tanto los movimientos visuales de una pantalla, en la cual se halla insertado, como los sonoros, que circulan a través de los altavoces situados en diferentes puntos de la sala alrededor del público. Además, el intérprete lleva durante toda la obra unas gafas de realidad virtual que, sumadas al metrónomo que escucha durante la pieza, le aíslan completamente de todo lo que pasa fuera de esa pequeña burbuja. La idea principal era crear un juego de espacios y tiempos simultáneos, de “puntos de vista” (de ahí el título) en torno a todo lo que, de una manera u otra, “sucede” en la obra.

De manera un poco quijotesca, le conté a Pedro todo esto una mañana de verano en mi ciudad natal, Alcázar de San Juan, y nos lanzamos a por ello. Por supuesto, había muchos retos por delante que solucionar, los cuales afectaban a casi todos los elementos estructurales de la idea, pero con una persona como él fue un goce trabajarlos y resolverlos. Por último, fue una verdadera suerte contar con la colaboración de la Fundación SGAE, que nos cedió la madrileña Sala Berlanga para realizarla, y con grandes profesionales en la grabación, como José Pablo Polo, Pepe Hannan y Paco Cuéllar.

SaxRules: ¿Alguna anécdota curiosa que se pueda contar con músicos al interpretar tus obras?

Óscar: Hay unas cuantas, pero la primera que me viene a la mente tuvo lugar en el estreno de [Custom #3] en la Fundación Juan March de Madrid. Se trataba de un concierto de la pianista Lluïsa Espigolé y la cellista Erica Wise. Justo a mi izquierda estaban sentadas dos señoras de unos 60 y largos que demostraban con mucha guasa y no sin falta de ingenio lo poco que les estaba gustando el concierto. A medida que el programa avanzaba, se sucedían las miradas amenazantes contra ellas desde todos los flancos, los “tschhh” y los “¿se pueden callar?”, lo cual obviamente les llenaba de motivación y coraje para continuar con su labor. Mi obra era la última en el programa y entre los nervios y la curiosidad antropológica recuerdo haber escuchado atentamente comentarios como “si las 3 Bes levantaran la cabeza…” o “con las gloriosas manos que se han posado sobre ese teclado, dios mío”. Cuando la obra acabó, y entre los aplausos, podían distinguirse sus voces entre collares echando el resto al coro de “tongo, tongo”, lo cual era contrarrestado con algunos “bravos” algo más histriónicos de lo habitual. Cuando bajé de saludar en el escenario, las señoras seguían muy enfadadas y, tan pronto como acabó el concierto, un corro de unas 20 personas las rodeó para echarles en cara su comportamiento. El toma y daca entre las señoras y el grupo que les reprendía (muchos de ellos amigos míos) tuvo que ser dispersado por el personal de sala, el cual abrió un pequeño pasillito por el cual las señoras escaparon al grito de “este concierto no es digno de esta institución”. Es lo más parecido que he vivido al estreno de la Consagración en mis carnes.

SaxRules: Tu momento musical más dulce.

Óscar: El día en el que se estrenó, 9 años después de ser escrito, el concierto para piano y orquesta que compuse con 14 años. A pesar de que no estuve presente, mi abuelo sí que lo estuvo. Y por eso fue un momento tan especial. Él había escuchado durante todo ese tiempo (casi cada día, de manera ininterrumpida), la simulación exportada desde Finale de la obra, la cual duraba la media hora precisa en la que él debía hacer ejercicio físico diariamente. Con frecuencia me decía que era mi mejor obra y preguntaba cuándo iba a estrenarse. Finalmente ocurrió en febrero de 2016 y se interpretó tal cual, con todas sus imperfecciones. El hecho de vivir la experiencia en diferido (me encontraba en Dinamarca en ese momento), creo que le dio precisamente el matiz de un sueño, de algo que no se sabe a ciencia cierta si se ha vivido o no.

SaxRules: Nombra a las 5 personas que más te han influido como músico.

Óscar: 

Fernando Villanueva.

En el verano de mis 15, Fernando me invitó a recibir clases en su casa de Ciudad Real una vez por semana. Por la mañana, llegaba temprano a la estación de tren, donde él pasaba a recogerme; después, me invitaba a desayunar en una cafetería cercana y acto seguido pasábamos las siguientes horas entre conversaciones sobre nueva creación, partituras, grabaciones, documentales y ejercicios de fundamentos de composición. Nunca me pidió absolutamente nada por ello y rechazó cualquier compensación económica por ello. Él es, sin ninguna duda, la persona que hizo que me diera cuenta de la infinitud de caminos y las preguntas sin resolver que la composición musical podía abrir.

Agustín Charles.

Por edad y por la cantidad de horas que pasábamos con él en el CSMA a lo largo de la carrera de composición, solíamos identificar con la figura de Agustín a un segundo padre. Su trabajo incansable, la pasión y la energía que invertía en absolutamente cada proyecto que afrontaba, desde la organización de una ópera compuesta por todos los alumnos hasta la escritura de sus imprescindibles libros de orquestación, fueron inspiradoras (y lo siguen siendo) durante esos años tan importantes.

Paco Gil.

Paciencia. Paco me enseñó a tener paciencia. Fue mi profesor de oboe durante todo el grado superior en Zaragoza y, a lo largo de esos cuatro largos años se convirtió en un modelo para mí en algo fundamental y de lo que lo que yo carecía. La reconfortante regularidad de nuestras clases semanales, su pausado pero firme afrontar y su capacidad para adaptarse a los quebraderos de cabeza que le daba un alumno cursando doble especialidad calaron en mí con fuerza.

Daniel Buendía.

Uno de mis compañeros de batallas durante los 4 años zaragozanos. Estudió los grados de piano y clave y su sensibilidad es quizás la que más hondo caló en mí, convirtiéndose en una persona imprescindible. El programa de su recital final de piano (compuesto por obras de Cage, Ablinger, Reich y Lachenmann) fue objeto de críticas muy duras por un tribunal reaccionario compuesto por miembros de un departamento reaccionario, en el que uno de sus componentes argumentó que no debería ni siquiera juzgarle por no “haber herramientas” para hacerlo. Semanas antes, y junto a Diego García Pliego y Lluïsa Espigolé (otras dos personas imprescindibles), planeamos y realizamos un happening en hora punta de la cafetería del conservatorio, el cual también fue bastante importante para todos nosotros.

Michael Beil.

Le conocí (a él y a su música) en el SPOR Festival 2016, el cual se celebra anualmente en Århus. En aquella edición, el Ensemble NADAR eran los comisarios del programa e interpretaron su show WYSI(N)WYG (What you see is -not- what you get), con obras de Stefan Prins y del propio Michael. Aún recuerdo perfectamente el shock que me provocó su obra Bluff .

De nuevo, una lista como esta se antoja insuficiente habiendo un número tan numeroso de personas que, de una manera u otra, han tenido un papel crucial tanto en mi madurez artística como personal: Nacho de Paz, Jesús Rueda, mis compañeros de promoción de la Fundación Antonio Gala, Simon Steen-Andersen, Niels Rønsholdt, Carola Bauckholt, Rebecca Saunders y tantos otros.

SaxRules: Próximos proyectos (estén ligados o no a nuestro instrumento)

Óscar: Actualmente me hallo inmerso junto a Belenish Moreno-Gil en la creación de dos obras de grandes dimensiones que verán la luz en 2020 y que se anunciarán oficialmente este otoño, por lo que por desgracia no puedo dar más detalles. Además, y con la ocasión del Premio Giga Hertz 2018, recientemente he terminado la composición de una obra de 30 minutos de duración para pianista (interpretando keyboard y piano), electrónica y un vídeo proyectado en una gran pantalla de 10 x 5’5 m., cuya producción se llevará a cabo en el Experimentalstudio de la SWR, en Friburgo. Se estrenará en el Zentrum für Kunst und Medien de Karlsruhe en noviembre de 2020 por Lluïsa Espigolé.

SaxRules: Muchísimas gracias Óscar.

Tienes más información en su página web. Haz clic en la imagen para acceder.

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